Dentro de una sociedad de importantes transformaciones, el modelo educativo
también está empezando a apostar por el cambio para dar respuesta a las nuevas
demandas y necesidades sociales que los nuevos tiempos exigen.

Comienzan a abrirse interesantes enfoques que están revisando la tarea docente y abordando un cambio de guía en la educación, buscando la manera de adaptarla a las
demandas del futuro. La mayoría de estos grupos señalan la incertidumbre como uno de los elementos diferenciadores de los nuevos tiempos.

Esta situación configura un importante desafío: la necesidad de formar a las nuevas
generaciones en competencias emocionales que los preparen para saber gestionar la incertidumbre y desarrollar la suficiente flexibilidad para ser capaces de adaptarse a las situaciones, no siempre positivas y de cambio. El reto es formar alumnos, que además de excelentes conocimientos, tengan buenas habilidades emocionales y de trabajo en equipo, que sepan comunicarse y que desarrollen un pensamiento crítico y creativo. Para ello se hace necesario que, junto a los contenidos académicos ,el colegio se transforme en un espacio que sepa hacer sitio a los procesos emocionales que
tradicionalmente se dejaron de lado en la educación regulada hasta el día de hoy. Y así ofrecer una formación integral, que preste atención tanto a la dimensión cognitiva como a la dimensión emocional y relacional, y que posibilite el desarrollo de las diferentes inteligencias de los chicos.

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